Àngela nos cuenta la experiencia que ha vivido este verano en Palestina

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Nuestra educadora Juniors, Ángela Cerdá, ha participado este verano en un campo de trabajo que Cáritas Española y algunas Cáritas Diocesanas del Estado y Cáritas Jerusalén realizan en Palestina en el marco de su trabajo en la denominada Iniciativa por la Paz. Para ella, esta ha sido una experiencia increíble y está convencida de que nunca podrá olvidar todo lo que ha vivido. Este es el texto que ha escrito para resumir, de manera breve, su experiencia en Tierra Santa.

Mentiría si me atreviese a decir lo contrario, si no pudiese confesar que todavía no he podido parar de pensar en Palestina y en su gente. Tengo momentos en los que cierro los ojos y deseo muy fuerte que nunca se me olvide lo vivido, que no se me borre la imagen de las calles de Beit Jala, la casa en la que he vivido, la familia que me ha acogido, los rostros de los palestinos que nos han acompañado cada día, sus sonrisas, sus miradas esperanzadas y sus ganas de vivir exprimiendo al máximo cada momento.

Mentiría si no fuese capaz de decir que esta ha sido la mejor experiencia de mi vida. Y puede que allí no fuese consciente, pero ya en el momento de las despedidas lo supe. El hecho de sentir que la gente a la que estás diciendo adiós está en otro continente y saber que hasta volver a pisar esa tierras puede pasar mucho tiempo, obliga a que se te salten unas lágrimas. Lágrimas que solo me hacían pensar que nosotros volvíamos a España, a nuestra vida, mientras ellos se quedaban allí, en el lugar que los ha visto nacer y crecer. Su casa pero, a su vez, su prisión. Ojalá pueda volver pronto, ojalá cuando vuelva todo esté mejor, ojalá los palestinos pronto dejen de soñar con la libertad para vivirla de verdad.

Pero sé que todo lo que hemos vivido es de verdad porque cuando recuerdo algún momento se me revuelven los mismos nervios que sentía los primeros días del viaje. Porque cuando escucho hablar de Palestina siento que están hablando de una parte de mí que debo proteger.

Y después de todo, espero que este sentimiento, esta ilusión y esperanza nunca terminen. Bueno, en realidad, deseo que acabe con la paz de los palestinos, pero que nunca se pierda todo lo que hemos vivido. Por eso, ahora empieza lo mejor; tenemos que ser altavoz de todo lo que hemos escuchado, visto y, que todavía hoy, sentimos. Tal vez pocos nos entiendan, ojalá sean muchos, pero nunca podremos permitir que se pierda un rayo de esperanza y luz que los palestinos nos transmitieron para conseguir la justicia y la paz que ellos necesitan.

La lección más grande que me llevo de este viaje son las ganas de vivir apreciando lo que de verdad importa, dejando a un lado aquello que me preocupaba y que, en realidad, no es nada. Por eso, a partir de ahora, como los palestinos, todos tenemos que celebrar la vida!

Ángela Cerdá Juan